Por Luciano Tanto
Salta, 31 de enero de 2009 (Slyf). El aviso publicitario, de factura impecable y alto impacto estético se publicó en los años 80 del siglo pasado en los medios de comunicación más importantes del Reino Unido.
Promocionaba el glorioso Victoria and Albert Museum, uno de los íconos históricos de la cultura británica, meta de millones de visitantes de todo el mundo.
Decía: “Un bar de primera con un museo adjunto realmente muy lindo” (“An ace caff with quiet a nice museum attached”).
Para algunos fue un escándalo, pero a la mayoría de la gente le encantó y produjo un importante aumento de visitas, al mismo tiempo que reforzó la popularidad de la moderna concepción de los museos: lugares para todo público, de todas las edades, llenos de arte, maravillas y sorpresas.
Pero sobre todo confirmaba la idea de los museos como lugar de encuentro y uso inteligente del tiempo libre, que mezclan el clima relajado y amistoso de un bar con la posibilidad de emocionantes experiencias culturales.
Nada nuevo, en realidad, ya que desde la mitad del sXX no hay ningún museo exitoso en el mundo que además de ofrecer sus colecciones y muestras no incluya un bar y un negocio de venta de reproducciones de las obras del propio museo, libros de arte, catálogos, artesanías, más regalos y recuerdos de buena calidad y en general con precios accesibles.
La idea de fondo tampoco es nueva: lo que permanece de la historia de los pueblos como memoria positiva, espontáneamente feliz y con pocas excepciones, no son sus gobernantes, sus generales y dirigentes políticos, etc., sino sus artistas y creadores.
No es una casualidad que las primeras potencias turísticas del mundo –Francia, Estados Unidos, Italia, España- tengan las más extensas redes de museos, centros de arte, circuitos de conciertos para todo tipo de música y un impresionante patrimonio arquitectónico y urbanístico bien cuidado, valorizado y promovido.
¿Y cómo valorizan esos millones de personas su experiencia turística, más allá de descanso-sol-playas-compras-paisajes? Con cultura, arte, iglesias, edificios históricos y todos los museos que valgan la pena.
Por eso “turismo” y “cultura” se han transformado en un único concepto, que aún así debe ser interpretado como corresponde: turismo es el medio, la cultura –y todas sus sedes (si prestigiosas y conocidas)- son el fin, la meta.
Es un hecho que mucha gente que viaja por primera vez fuera de su país, luego de conocer museos y centros culturales, se interesa por los que hay en el lugar donde vive.
El turismo cultural -en continua expansión, permanentemente renovado- es la clave del turismo moderno.
Pero también el escenario en el que los gobiernos pueden demostrar –si saben hacerlo- su capacidad de gestionar y hacer rendir un recurso cuya materia prima es una combinación de conocimiento e imaginación, elementos que no abundan en las administraciones públicas, asfixiadas por sus peores enemigos: la burocracia y la lucha por el poder, que suelen dejar poco espacio para el uso inteligente de la política.
Cultura como propaganda
Así que valdría la pena un severo repaso por los centros culturales que hay en Salta, sus atractivos y defectos. Para entender y luego obrar.
Nuestra provincia, de tener pocos museos, dispersos y desconectados pasó a tener una buena cantidad.
Es un buen comienzo, pero sólo eso. Ya que muchos o pocos, los museos de por sí no garantizan nada, sino lo que se hace con ellos.
Salta, ciudad y provincia, pueden mostrar una larga lista de museos que tienen derecho a llevar ese nombre, pero también otros que no sirven para nada, en la medida que nadie los conoce o no están suficientemente integrados a ningún circuito.
O en manos de amigos del poder que no conocen el tema y llegan al cargo de casualidad. O de artistas del palo, aún valiosos, becados con una función que no tienen por qué conocer.
A menudo falta presupuesto, pero mayormente faltan de ideas y conocimientos.
Es que en contra de las apariencias, la política cultural de Salta no le interesa… a los políticos.
En privado dicen que la cultura “no aporta votos” o que es sólo una afición de minorías.
O sea, que no entienden qué es la cultura. O la confunden con alguna que otra afición personal.
Quizás por esto nadie conoce los nombres de los integrantes –responsables políticos- de las comisiones de Cultura de
La programación cultural es mayormente consecuencia de una rutina impuesta desde BsAs, más las iniciativas que consiguen imponer artistas y entes locales luego de infinitas prácticas burocráticas.
Hasta
Una orquesta sinfónica es un instrumento único, que exige ámbitos propicios para dar lo mejor de sí.
Un galpón municipal no tiene nada que ver con un auditorio y decir que eso es llevar la gran música a nuevos públicos, sobre todos niños y jóvenes, es una burla imperdonable, técnica y artística.
Como toda actividad bien hecha, cada arte exige su ámbito, y lo racional sería que los escolares y los jóvenes de Salta accedieran a la gran música en sus auténticos y más eficientes escenarios.
Un programa fijo, anual, debidamente presupuestado de visitas guiadas a la orquesta, sumado al acceso a los mejores museos sería más útil que la simpleza de intercambiar favores partidistas con intendentes, caudillos y punteros locales.
Realidad y apariencia
La ciudad de Salta tiene dos museos que trascendieron las fronteras provinciales: el Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM), que atrae multitudes por la exhibición de los restos mortales de niños indígenas en su contexto cultural de vestuario, usos y costumbres.
Pero el MAAM está perdiendo su eficiencia. Los paneles explicativos –fundamentales para que la exhibición alcance su mejor sentido- pierden piezas y crecen las señales de descuido.
Queda pendiente, mientras tanto, el potencial conflicto por el reclamo indigenista por la exhibición de los restos, considerado un ultraje. Un tema difícil de tratar y que no está cerrado.
El otro Museo es (era) el de Arte Contemporáneo (MAC), crucial para el conocimiento, promoción y desarrollo de las bellas artes de artistas locales y regionales del presente.
El MAC fue el primer y único museo salteño que ganó reconocimiento nacional e internacional por méritos propios, gracias a una articulada y exitosa programación abierta a todos.
Sin olvidar una activa y eficaz política de visitas de aprendizaje a la medida de los escolares salteños.
Se puede decir sin temor a error que ningún político salteño –salvo unos pocos funcionarios del área- pudo apreciar jamás la mirada de asombro con que tantos niños y adolescentes demostraban su espontánea afinidad con el arte en su primera visita a un museo bien montado.
El MAC –con el cambio de gobierno- debió abandonar o reciclar muchas de sus iniciativas.
Ahora es más que nada un proyecto incompleto, imposibilitado de racionalizar el uso de todos sus espacios, que según el proyecto inicial incluían un “bar temático” y el uso exhaustivo y racional de todo el edificio.
La parte abierta de la planta baja, en la zona trasera del edificio, ya se transformó en depósito del Teatro/Auditorio provincial.
Sin olvidar la lucha que directivos y amigos del museo debieron librar durante casi un año con el gobierno anterior para conseguir el desalojo de la oficina de Rentas que ocupaba la planta baja.
Hoy, el MAC es un programa trunco, con la amenaza final de perder parte de su espacio en beneficio de oficinas de turismo, un injerto sin sentido, ajeno a su misión de potenciar y difundir en el país y el mundo el arte contemporáneo de Salta.
Existe otra realidad, por ahora potencial: el nuevo Museo de Bellas Artes, reubicado en un nuevo e impactante edificio. Obviamente sin historia y sin que se hayan puesto a la prueba del público y los expertos sus planes y ambiciones concretas.
El contexto incompleto
Pero una ciudad –una provincia- con atractivos culturales suficientes como para ser reconocida en el mundo como centro de atracción turística necesita mucho más que uno o dos museos más o menos eficientes.
Este “borrador” sin duda es incompleto, voluntarista y hasta faccioso, pero igual pretendemos elevarlo a la sabia consideración de un ministro que no existe: el “ministro de cultura y turismo” de la provincia de Salta.
En realidad es al revés, Turismo se ocupa –hasta aquí sólo de taquito- de Cultura, aunque la nueva organización ni siquiera está prevista en la ley de ministerios.
Pero en Salta la ley no le importa mucho a nadie, y menos aún al Ejecutivo, heredero de una concepción monárquica del poder.
O sea que hasta aquí la política cultural aparece como funcional al turismo.
El licenciado Carlos Federico Posadas, ministro de Turismo-y-quizás-de-Cultura prometió (o dijo que prometía, aunque sólo a través de sus colaboradores), que recibiría a los representantes de un grupo de ciudadanos (artistas, periodistas, etc.), gente preocupada por el tema.
Son los ciudadanos que denunciaron en su momento lo que consideran un error: dejar trunco el proyecto del MAC y la presunta voluntad del gobernador Urtubey de quitarle espacio al museo para abrir oficinas turísticas.
A modo de anticipo y colaboración, resumimos algunas preocupaciones.
Salta no respeta la reciente ley de patrimonio arquitectónico, urbanístico, paisajístico etc.
Se destruyeron valiosos edificios en el centro (para no hablar de la llaga que significa la destrucción del campo arqueológico donde funcionaba
La especulación inmobiliaria es la más grave amenaza de toda ciudad en expansión. Por ceguera, intereses creados, negocios compartidos o lo que sea, existe la posibilidad concreta de que el centro de la ciudad sea arrasado en beneficio de edificios altos.
Para que eso fuera posible, las calles –y las veredas- de Salta deberían tener el doble y triple de ancho, estacionamientos para vehículos para cada nueva unidad habitacional, espacios verdes, agua y cloacas que funcionen y otras necesidades de las cuales nadie habla.
Si la mitad de lo que se denuncia como amenaza se concreta, en pocos años tendremos una ciudad con un centro caótico, asfixiado, superpoblado y sobre todo sin carácter ni historia. La realidad urbana también es Cultura… y Turismo bien entendidos.
De los museos y su escasa coordinación ya hablamos.
Urbanismo historia y preservación
En nuestra ciudad, las modificaciones de edificios públicos las decide un ingeniero de Obras Pública sin consultar con especialistas, que en Salta son pocos, y a los que nunca se consulta.
Los salteños nos llenamos la boca con el pasado de Salta, su magnífica antigüedad, y luego aceptamos reformas como el mamarracho del quiosco (glorieta) de
En
También desde hace años languidece en su creciente deterioro otra gran tela, “La muerte de Güemes”, de Antonio Alice.
Falta poco tiempo para el Bicentenario y nadie hace nada, incluyendo los responsables de
Hay una ley de hace varios años que dispuso la restauración de la tela de Alice (medalla de oro por esta obra en
La mayoría de los legisladores, oficialistas y opositores (?), ni siquiera están enterados del tema.
Ese lugar, bien cuidado, sería uno de los paseos más ricos de historia, cultura y belleza de la ciudad.
Pero, ahí mismo, y al lado del estupendo monumento ecuestre a S. Martín, se levantan “Villa Miguelito” I y II, para alojar a artesanos que no lo son, mercachifles de falsificaciones electrónicas y otras delicias similares.
(Desde esta página hacemos una apuesta, con la esperanza de perderla: en 10 años, ambas Villas Miguelito seguirán ahí: más grandes, más inútiles y más horribles).
Gran parte de los monumentos del Parque están dañados, o fueron robados para fundir el bronce; las fuentes artesanales destruidas, arcos y anfiteatros mal cuidados y un largo etcétera.
El Ministro de Cultura que en realidad se ocupa de Turismo, al menos no alienta los delirios místicos del anterior, que ambicionaba hacer de Salta la capital del Turismo religioso (“virgen” del cerro excluida), y que trató de entusiasmar a los japoneses con la procesión del milagro.
Ante estas indicaciones desordenadas e incompletas, el licenciado Posadas –que parece hombre eficiente- podría decir que citamos ejemplos que son de competencia municipal o nacional, y es cierto.
Pero en los países donde el turismo funciona, el responsable de Cultura y Turismo coordina y empuja, cuando hace falta, a los responsables de áreas administrativamente ajenas, y en Salta, la responsabilidad mayor de la ciudad es del gobierno provincial, por razones obvias, de presupuesto y peso político.
En fin, si el ministro recibe a los ciudadanos interesados en vivir en una Salta a la altura de su fama, o de la que queremos que tenga, le preguntarán cuáles son sus planes, su política turística y qué ideas tiene para el desarrollo de la cultura. (Slyf)
"El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente" (John Acton).
El 25 de noviembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional contra la violencia de género. leer más