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Annapolis, ¿un esfuerzo inútil?

* paz (Del latín pax, pacis). Situación y relación mutua de quienes no están en guerra. / 2. Pública tranquilidad y quietud de los Estados.

Por Luciano Tanto

   Salta, 22 de noviembre de 2007 (Slyf). Lo que sigue es una recopilación, una síntesis de las principales posiciones y argumentos que desde hace meses llenan páginas y páginas de los medios más importantes del mundo y publicaciones especializadas.

   Antes que nada, una descripción de la escena, y su complicadísima estructuración. Tan complicada que significa, al mismo tiempo, una señal de debilidad y un pronóstico pesimista de cómo serán las negociaciones, y si las habrá realmente.

   La Casa Blanca y el Departamento de Estado anunciaron oficialmente la fecha, el programa y la lista de los participantes en los coloquios de paz entre palestinos e israelíes en Annapolis (Maryland), a una media hora de auto de Washington.

   La última reunión para alcanzar el mismo objetivo fue la de Camp David, en el 2000. Lo único que se consiguió en esa oportunidad fue la foto entre el presidente de los EEUU, Bill Clinton, ambicioso organizador, el primer ministro Ehud Barak y Yassir Arafat.

   Todo el montaje se desbarató cuando el líder palestino rechazó a último momento la oferta de paz israelí y el plan para ponerla en práctica.

   Esta nueva cumbre, se hará el martes próximo en la base naval de Annapolis, pero el lunes, habrá una especie de prólogo para ajustar detalles. Dos reuniones individuales entre George Bush y el primer ministro israelí Olmert y con Abu Mazen, líder de Al Fatah, la “mitad” más potable de los palestinos, visto que el resto, controlados por Hamas, organización que manda en la franja de Gaza, son considerados terroristas.

   Esa noche, como es de rigor, habrá una cena, en este caso en el Departamento de Estado, que conduce Condoleezza Rice.

   La conferencia quedará abierta al día siguiente, con un discurso de Bush, y luego por Olmert y Abu Mazen.

   Durante el día habrá un encuentro trilateral y al día siguiente, en Washington, el presidente de los EEUU tendrá otros dos coloquios bilaterales con Olmert y Abu Mazen.

  

La lista interminable

  

   Concurrirán además los representantes de la Liga Árabe, incluyendo Arabia Saudita pero no Siria, que a último momento parece que decidió no asistir, los miembros del G8 (los países más industrializados del mundo)ricos del mundo), el enviado especial para el Oriente Próximo, Tony Blair, el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, los presidentes del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, y también Noruega, Australia, Turquía, China, el Vaticano (?) y… Brasil, que mal que le pese a la Argentina es cada vez más el representante virtual de los intereses de nuestra América.

   Como gestos de buena voluntad, Israel anunció la puesta en libertad de 431 presos palestinos (ninguno de ellos acusados de delitos de sangre) y entregó al gobierno de Abu Mazen 25 blindados ligeros, presuntamente útiles para mantener la paz en el territorio que controla Al Fatah en Cisjordania.

   Lo más extraordinario de esta enorme convocatoria, es que tomados de uno y en riguroso off the record, la mayoría de los asistentes dice que todo terminará en un nuevo fracaso.

       El propio gobierno estadounidenses mantuvo muy bajas las expectativas, más allá de las declaraciones de buena voluntad de la Rice, según la cual la reunión servirá para echar las bases de una negociación más a fondo para el 2008.

   Para colmo de males, la reunión se mezcla con la campaña presidencial estadounidense, y que la oposición demócrata acusa desde hace siete años a Bush de no haber hecho nada realmente serio para acercar a las partes.

   Un territorio para el nuevo estado palestino y fronteras seguras para Israel sigue siendo el nudo gordiano de la negociación.

   El problema mayor, será convencer al mundo árabe de que la paz  no sólo es posible sino necesaria para iniciar un período de estabilidad y desarrollo de toda el área.

   El problema mayor dentro del problema mayor, es que ningún gobierno árabe ha hecho nada desde 1947 (creación de Israel) para superar el problema, y aún la paz entre Israel, Egipto y Jordania es una paz fría, y que los pueblos árabes, luego de años y años de incesante propaganda anti israelí, han sido convencidos (por sus gobiernos) de que el estado judío es una anomalía que debe desaparecer.

   Por otra parte, es imposible olvidar que cuando Jerusalén y Cisjordania estaban en manos jordanas, y Gaza era egipcia, ninguno de esos gobiernos hizo nada para ceder tierras al hipotético estado palestino.

   La paradoja de esta situación plantea una variante muy frágil que podría ayudar al proceso: la percepción de muchos dirigentes palestinos, de que sin la existencia de Israel ningún gobierno árabe jamás les hubiera cedido ningún espacio para fundar allí su propio estado.

  

Benny Morris no cree

  

    Para cerrar el cuadro de pesimismo, nada mejor que las opiniones de Benny Morris, historiador israelí muy popular en su país,  considerado internacionalmente como una de las voces más serias y creíbles a la hora de analizar la situación palestino-israelí.

    - “¿Annapolis? Annapolis is nothing (nada)”, acaba de declarar Morris a la prensa europea.

   Entrevistado en un café de Jerusalén, el historiador habla con tono sostenido.

   La opinión pública israelí, masivamente, considera que la reunión de Annapolis murió antes de comenzar, pero aún así no deja de aletear un trémulo fondo de esperanza, un milagro político que destrabe las cosas y abra la vía para una negociación útil.

   Pero no es la opinión de Morris, según el cual “Annapolis cuenta cero a los fines de la paz. Israelíes y palestinos ni siquiera saben de qué podrán hablar. Ambos tienen menos disposición que hace siete años en Camp David, que también fue un fracaso”. “Hoy”, aclara el historiador, “el problema para Israel es Irán. En el largo plazo, los palestinos son irrelevantes”.

   En cuanto a Siria, el estado que constituye el enemigo geográficamente más cercano para Israel, Morris se muestra convencido de que aún si se involucrara en el potencial proceso pacificador, no haría disminuir el peligro iraní.

   “Assad (presidente sirio) al máximo puede distanciarse de Teherán pero no puede bloquear la bomba (atómica) ni convencer a los ‘mullah’ (líderes religiosos) de que abandonen su proyecto de borrar del mapa a Israel. Siria es un actor  de los equilibrios en la región, útil, pero no indispensable. (Ya) Israel se había acercado a una negociación con Hafez El Assad (padre del actual presidente, Bashir). Rabin y Barak (primeros ministros israelíes) le ofrecieron devolverle las alturas del Golan (tomadas por Israel en la guerra de los 6 Días, 1967), pero dijo que no. Assad padre no tenía interés en la paz cuanto en los reflectores internacionales, como Arafat”.

El permanente “no” árabe

   Según Morris el dato de fondo es que “el mundo árabe jamás aceptó la legitimidad de Israel. Aún los países ‘amigos’,  como Egipto y Jordania lo consideran un estado asesino. Sadat (presidente egipcio, asesinado por fanáticos  islámicos) tampoco amaba Israel; temía que la bomba nuclear israelí destruyera a Egipto y aceptó (el acuerdo de paz). Pero su gobierno y el de Mubarak (presidente egipcio actual) jamás hicieron nada  para cambiar la mentalidad del pueblo. La paz será siempre una paz fría. Con los palestinos es lo mismo. Arafat hablaba de diálogo pero instruyó a sucesivas generaciones en el odio hacia Israel, el mismo odio que él sentía”.

   Suponiendo que en Annapolis se consiga un acuerdo mínimo, Morris dice que el problema más sencillo de solucionar sería el de las fronteras, “ partiendo de los límites de 1967 y con pocos ajustes”. Más complicado el tema de Jerusalén, que israelíes y palestinos consideran su capital, una cuestión muy difícil “ya que no creo que se pueda dividir y compartir. En Camp David,  Barak estaba dispuesto a cederla según los parámetros de Clinton (barrios árabes a los palestinos, para que allí instalaran la sede de su gobierno), pero los palestinos no aceptaron. Hoy las condicione son peores e Israel aprendió que ceder no paga. Por último, el tema de los refugiados (los palestinos exigen el regreso irrestricto de los expulsados y sus descendientes): un dilema insoluble”, ya que “el mito del retorno es parte viva de la identidad palestina, así como la ’tierra prometida’ lo fue para el sionismo (nacionalismo hebreo). Ya van tres generaciones de palestinos que crecieron en la ilusión de invertir la marcha de la historia. No discuto si es justo o no, sólo que en esto se juega la supervivencia de Israel: si entran los prófugos, desaparecemos, nos aniquilarían. Y nadie en Israel, ni yo tampoco, podríamos aceptarlo: sea o no justo”.

 El dilema israelí 

   Según  Morris, la única salida sería el cambio de actitud de los árabes. En su ensayo “Víctimas”, que reconstruye la expulsión de los palestinos de sus pueblos en 1948 (creación del estado israelí), Morris explica que la opción era brutalmente simple: “o ellos o nosotros. Israel tenía que salvar la vida de 700 000 judíos. Si los árabes se hubieran quedado, hubiéramos visto otro holocausto”.

   Los países árabes expulsaron a su vez a los judíos residentes, aunque los judíos egipcios y marroquíes eran súbditos leales”.

   La cuestión que no se debe olvidar, agrega Morris, es que “el Islam es omnipresente en las sociedades árabes. Occidente lo está descubriendo ahora, pero la guerra de 1948 fue la primera ‘jihad’ (guerra santa)”  .

   En cuanto Irán, el “problema  principal”, el historiador israelí dice que “las opciones son varias… pero ninguna practicable: Lo máximo sería que renunciasen al arma nuclear. O que las sanciones (de la ONU) fueran realmente efectivas, lo que no sucederá mientras sigan teniendo el apoyo de Rusia y China.

     O que el régimen de los ayatollahs cayera, pero son demasiado ricos (petróleo) para que eso suceda. Después estaría la ‘vía estadounidense’: el ataque de Washington durante ocho semanas de bombardeos aéreos que destruyera las instalaciones atómicas, sólo que los EEUU están empantanados en Irak y poco propensos a  nuevas aventuras. Así, la responsabilidad está en definitiva en manos de Israel: podemos elegir la convivencia con el Irán atómico, que sería suicida, o aniquilarlo. ¿Cómo? Las armas convencionales no alcanzan y la opción nuclear significa millones de muertos, un escenario catastrófico. Este es, hoy, el verdadero dilema israelí”. Por eso “Annapolis is nothing”.  

 (Fuentes: “La Stampa”, “ Informazione corretta”, “Il Foglio”, “Il Sole -  24 ore”, “L’Opinione” y agencias de prensa).

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