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Según Chávez: Las ideas fascistas de Aznar para nuestra América

* Fascismo. Movimiento fundado en Italia el 23 de marzo de 1919 por Benito Mussolini. Sus ideas originarias se identificaban con la tradición sindical-revolucionaria y nacionalista, y se proponía como una solución drástica a los  graves problemas italianos de la época. El fascismo organizó escuadras militarizadas que imponían “el orden” con el uso de la violencia. Cuando Mussolini llegó al poder, consagró al fascismo como partido único, concentró en sus manos el poder legislativo y ejecutivo, persiguió a los opositores, impuso  el control del Estado de la economía y anuló la libertad de prensa.

   Santiago de Chile, 15 de noviembre de 2007. (Slyf). El ex presidente del gobierno español José María Aznar, realiza permanentes giras por los países americanos, presentando una propuesta política de fuerte contenido económico, realizada por equipos técnicos de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), que el mismo fundó en 1989 y de la cual es presidente, como colateral de su agrupación política, el Partido Popular.

  La FAES es presentada por Aznar como “un gran laboratorio de ideas y programas” que se nutre de las ideas liberales y reformistas para “promover y difundir ideas basadas en la libertad política, intelectual y económica”, que asegurarían “el despegue productivo del continente y el acceso del pueblo a niveles de bienestar generalizado”.

   Al mismo tiempo que Aznar realizaba su gira americana con sus propuestas, se llevaba a cabo la Cumbre Iberoamericana, escenario del ahora célebre exhorto real al silencio dirigido a Chávez por sus acusaciones contra las empresas  y las inversiones españolas, y al propio Aznar como presunto  fascista y “auspiciador” del golpe antichavista del 2002.

El estudio América Latina; una agenda de libertad es fruto de meses de intenso trabajo, de múltiples seminarios, reuniones y encuentros en los que se han solicitado colaboraciones y realizado consultas a más de un centenar de personalidades y expertos de relevancia nacional e internacional.
    El documento estratégico ya ha sido presentado previamente en España, Estados Unidos (Washington y Filadelfia), Argentina, Brasil, México, Chile, Ecuador y Perú, y recientemente en Colombia. y Venezuela.

"Una agenda de libertad para América Latina"

    "El informe de FAES parte del convencimiento y la realidad de que América Latina es parte sustancial de Occidente. De esa parte del mundo que hunde sus raíces en la tradición clásica grecolatina, que se ha desarrollado por el cristianismo, que se ve iluminado por las luces de la Ilustración y que prospera gracias a la economía de libre mercado. Y no es ocioso afirmarlo cuando esta realidad es negada interesadamente por los enemigos de las sociedades abiertas, ansiosos por situar a toda una región fuera del progreso y enfrentada al mundo libre. 
    Una realidad que también se niega con frivolidad en círculos de los Estados Unidos y de Europa. Este estudio se basa con claridad en una premisa: la condición occidental de la realidad latinoamericana. 
    El documento recuerda que los españoles no pueden ser indiferentes al futuro de América Latina, ni inhibirse ante la disyuntiva a la que se enfrenta. España no puede limitarse a ser un espectador imparcial. Le unen con América profundos vínculos históricos, culturales y afectivos, y una densa red de intereses sociales, económicos y humanos que han ido a más en los últimos años en ambas direcciones. 
    El futuro de España, como también el de Europa y el del resto de América, está unido al de América Latina. De ahí que FAES, una fundación política que se ocupa de proveer ideas para el futuro de España, realice también una propuesta para el futuro de América Latina. FAES considera que América Latina tiene ante sí dos caminos opuestos. Uno es el que siguen los países que tienen éxito: el camino de la apertura al mundo, de la democracia, del respeto por las libertades individuales y del fortalecimiento del Estado de Derecho. Un camino que atrae inversiones, genera crecimiento, incentiva a los emprendedores, crea empleo y reduce la pobreza. 
    Un camino de éxito, democracia y libertad. El otro camino aleja de las sociedades abiertas, libres y prósperas. Tenemos suficiente experiencia histórica –la tiranía en Cuba no es el único caso – para saber cómo acaba esa ruta. Quienes hoy proponen seguir esta vía se nutren de ideas caducas: del populismo revolucionario, del neoestatismo, del indigenismo racista y del militarismo nacionalista. Ninguna de ellas es desconocida en Iberoamérica. Constituyen el socialismo del siglo XXI, heredero del que, en el siglo XX, generó miseria y opresión. Vemos con preocupación que esas ideas vuelven a renacer, incluso con el aval de procesos electorales. 
    Esta izquierda latinoamericana tiene un proyecto político que ella misma denomina “socialismo del siglo XXI”. El indigenismo, el neoestatismo, el nacionalismo, el militarismo o el populismo son ingredientes de los que se sirve para avanzar en sus objetivos. Esta izquierda prima los supuestos derechos colectivos frente a los individuales, ignorando al individuo en beneficio del grupo, sea etnia, sindicato o clase social. La pertenencia étnica y la mirada atrás, a una mítica arcadia precolombina, colectivista e igualitaria, es una de las ilusiones de esta izquierda latinoamericana, sobre todo en los países con un fuerte componente amerindio en su población.

Indigenismo

    El informe estratégico elaborado por FAES considera que el indigenismo empieza a ser para América Latina lo que el nacionalismo es a Europa. Resulta tan esclarecedor como preocupante contemplar sus analogías. Ambos cuestionan los Estados nacionales modernos que superaron el Antiguo Régimen con el constitucionalismo liberal del Siglo XIX. El indigenismo sustituye el concepto de ciudadano de una república por el de miembro de una comunidad étnica, al igual que el nacionalismo europeo busca fórmulas identitarias excluyentes. Los dos subordinan principios e instituciones liberales como la división de poderes, el mérito y capacidad, la igualdad ante la ley y el respeto por los derechos individuales, al logro de sus objetivos muy cercanos al totalitarismo. 
    Indigenismo y nacionalismo propugnan la confusión de poderes. La ocupación de los mismos es una característica común, como lo es la intromisión en la esfera privada de personas y familias en aspectos tan sensibles como la educación o la instrumentación de la religión al servicio de sus causas. Tanto los indigenistas americanos como los nacionalistas excluyentes europeos promueven el falseamiento de la historia; en el terreno económico utilizan la reivindicación de supuestos derechos históricos, como un instrumento de dirigismo y proteccionismo económico.

Populismo

    El indigenismo, al buscar la reinstauración de supuestas o míticas instituciones prehispanas, promueve peligrosas excepciones a la normalidad democrática, de la única forma en que ésta puede ser concebida: sufragio universal, igualdad ante la ley, separación de poderes, rendición de cuentas, transparencia… El documento considera que la idealización en clave política actual de las civilizaciones precolombinas supone la reivindicación del autoritarismo y del colectivismo. De la misma manera que la defensa de la nación lleva al elogio del patriotismo y a la oposición al nacionalismo, la defensa de los indígenas, como de cualquier ciudadano en situación desfavorecida, lleva a la denuncia y el combate al indigenismo. 
    El indigenismo político de la izquierda populista latinoamericana encuentra un eco irritante en algunos sectores occidentales, especialmente entre cierta izquierda europea y norteamericana huérfana de causas tras el fracaso del “socialismo real”. Parece mentira que esta opción populista reciba un apoyo poco disimulado de algunos izquierdistas del Primer Mundo que disfrutan cómodamente de la prosperidad y de las libertades políticas en sus países. Con una irresponsabilidad máxima, estos “progresistas” apoyan para otros lo que jamás se atreverían a proponer para sus sociedades".

 

 

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